El auge del mercado del arte chino está ligado, entre otros muchos factores, a la consolidación del gigante asiático como potencia económica, así como a la evolución del arte contemporáneo chino en las últimas décadas. Si bien el concepto de contemporaneidad se aplica en el arte con criterio dispar, en general, se considera que el arte chino contemporáneo comienza a finales de los setenta. El final de la Guerra Fría y de la Revolución Cultural permitieron que las nuevas generaciones de artistas chinos rechazasen el oficialismo del realismo socialista y experimentaran con técnicas y lenguajes de vanguardia.
En estas casi cuatro décadas que nos separan, el arte contemporáneo chino ha pasado de ser un gran desconocido a convertirse en uno de los protagonistas del panorama artístico internacional. En el año 1993, se celebraba en Guangzhou la primera feria de arte en China; a finales del 2004, China abría sus puertas a las casas de subastas extranjeras tras su adhesión a la OMC en 2001. Hoy, más de diez años después, el país del centro bate todos los récords del mercado. Por primera vez, con una cuota del 40%, China ha superado a Estados Unidos en facturación de obras de arte contemporáneo vendidas en subasta. Nada más y nada menos que 601 millones de dólares frente a los solo 552 millones de Estados Unidos.
El arte contemporáneo chino está de moda. Entre julio del 2013 y julio del 2014 se vendieron 16.000 obras de arte contemporáneo, más que en Estados Unidos, Francia y Reino Unido juntos. Cada vez más artistas chinos están en la lista de los más vendidos; entre los 100 artistas contemporáneos con mejores cifras del mundo hay 47 chinos y 19 norteamericanos. Sin ir más lejos, el artista chino Zeng Fanzhi ha pasado a formar parte del club de las ocho cifras, ese cotizado grupo de artistas que ha vendido obras por valor de más de 10 millones de euros. Este líder de la escena contemporánea china ha generado una facturación de 59,6 millones de euros en 2014 y se coloca en la cuarta posición de un ranking liderado por el norteamericano Jean – Michel Basquiat. Y esto no es todo, si observamos la lista de las diez ciudades más importantes por compra de piezas de arte contemporáneo, nos encontramos con que Pekín ocupa la segunda posición por detrás de Nueva York. Completan la lista Londres y París en 3ª y 6ª lugar y la friolera de seis ciudades chinas: Hong Kong, Shanghai, Guangzhou, Nanjing, Hangzhóu y Taipéi.
El boom del arte contemporáneo en China, así como de otras industrias creativas, ha tenido como consecuencia la proliferación de ferias de arte, bienales, galerías, casas de subasta, museos, etc. Los datos no son concluyentes, pero las cifras asustan. Se habla de que en los últimos años se ha abierto un museo al día; además, se calcula que hay en China alrededor de 6.200 galerías de arte. El arte contemporáneo chino crece a un ritmo enfebrecido, auspiciado por grandes inversores que compran en todo el mundo. El mercado ha vuelto al desenfreno especulativo de mediados de los 2000. La creciente desmaterialización de las ventas, las modas, la hipermediatización y el marketing contribuyen a la transformación de un mercado cada vez más global, pero menos humano.
Si París se coronó como la capital del arte moderno en el siglo XIX y Nueva York reinó durante el siglo XX, parece innegable que en el siglo XXI los mercados emergentes, con China a la cabeza, marcarán la hoja de ruta del mercado del arte contemporáneo.